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sábado, 26 de diciembre de 2020

Tabaré Vázquez, el presidente campeón con Progreso

 


Antes de su carrera política fue un destacado dirigente deportivo, que alcanzó la cumbre con el club de su barrio.


El deporte también tuvo motivos para despedir con congoja y respeto a Tabaré Vázquez, el dos veces presidente de la República fallecido el 6 de diciembre: fue el presidente de Progreso en el período en el cual el club de La Teja saltó desde la “C” a la “A”, se clasificó para la Copa Libertadores y finalmente se consagró campeón uruguayo en 1989.

En este país donde durante muchos años la carrera política estuvo estrechamente vinculada a la actividad como dirigente de fútbol, Vázquez fue el primer (y hasta ahora único) titular de un club que fue elegido para ocupar el más alto cargo ejecutivo de la República.

Hombre del deporte, presidió la Liga Universitaria de Deportes, era aficionado al boxeo y cada vez que tuvo un tiempo libre la pesca estuvo entre sus alternativas de esparcimiento. Pero el club que lo hizo conocido fue Progreso, fundado por su abuelo y otros familiares y por cuyas inferiores pasó brevemente. Temperamental, apasionado, en más de una ocasión se tomó a golpes de puño con hinchas rivales en una cancha de fútbol.
Bajo su mandato el equipo conoció los mayores éxitos de la actividad local. La consagración como campeón uruguayo se produjo en 1989, en forma simultánea a su ingreso a la política: su campaña como candidato a la Intendencia de Montevideo.

Con posterioridad se mantuvo vinculado a Progreso, con mayor o menos cercanía de acuerdo a las diversas directivas, colaborando activamente con los festejos del centenario. En 2017 dispuso la realización de un Consejo de Ministros en la sede del club, en el mismo local que el 30 de noviembre fuera designado sala teatro “Tabaré Vázquez”.

En 1987 fue designado para trabajar en una comisión de reestructura del fútbol uruguayo. Ese mismo año se manejó su nombre para presidir la AUF pero no alcanzó los votos ante el rechazo de Peñarol, entonces presidido por José Pedro Damiani, vinculado al Partido Colorado, en un episodio notorio por su trasfondo político.

Como presidente de la República, tuvo reuniones para poner en marcha junto a Argentina la organización del Mundial 2030.Además, durante sus gobiernos impulsó el programa “Gol al futuro” .

Diego Maradona, del 10 a la eternidad

 


Crack, ídolo, fenómeno popular: todo en él era desmesurado

La muerte de Diego Maradona el 25 de noviembre de 2020, noticia deportiva del año en Argentina y una de las principales en el resto del mundo, recordó a todos la dimensión del fenómeno social que ya representaba el astro.

Miles y miles de personas tratando de ingresar al velatorio en la Casa Rosada de Buenos Aires, en medio de incicentes y sin precauciones sanitarias ante la pandemia, crearon imágenes esperables tras la desaparición de uno de los mayores futbolistas de la historia y seguramente el más carismático, contradictorio y polifacético.

El año 2021 continuará las historias sobre las circunstancias de su muerte y sobre el reparto de su herencia, dos ejemplos más de la constante presencia de Maradona en los medios, incluso las tres décadas posteriores a su retiro. Incluso ya fallecido.

Tras el fallecimiento se repitieron mil veces las escenas del Mundial de México 86, su momento cumbre, que contribuyó en forma decisiva a su fama, y se reiteraron homenajes de todo tipo.

De sus 60 años sobre la Tierra, no menos de 45 lo tuvieron en los primeros planos. Primero como joven prodigio en Argentinos Juniors, luego como estrella de Boca, más tarde en un problemático pasaje por Barcelona hasta su otro gran período estelar, con sus hazañas en Napoli.

Ya entonces su vida era una vorágine de fútbol, dinero, drogas, fiestas, primeros pasos hacia su autodestrucción.

Ocurrió tanto en la vida de Maradona, dentro y fuera de la cancha, que se necesitaría más de un suplemento para dar una lista resumida de logros y caídas. Todo era desmesurado en él, desde la cantidad de ingleses que eludió para convertir su gol más notorio en México, como sus problemas de salud, que en más de una ocasión lo tuvieron al borde de la muerte pero siempre había podido resurgir, hasta el 25 de noviembre pasado. Sin olvidar, por supuesto, la idolatría eterna que supo conquistar en millones de hinchas maravillados con su fútbol pero también por su personalidad directa y contestataria.
Su última etapa tanto deportiva como personal lo vio entrenador de Gimnasia y Esgrima La Plata, sentado en un sillón junto a la cancha, mostrando el deterioro físico de tantas vidas vividas en sus 60 años.

A pesar de su apodo, D10s, Maradona resultó un ser humano, y también tuvo su día final. Claro que no fue un ser humano como los demás.

El deporte también sufrió la pandemia en un año extraordinario y no en el buen sentido

 


Torneos inconclusos, certámenes postergados y mucha incertidumbre fue lo que dejó el COVID-19 que aún sigue golpeando a un deporte que aguarda ver la luz al final del túnel.



Y sí, el 2020 fue un año extraordinario, en el sentido de “Fuera del orden o regla natural o común”, que presenta el diccionario como primera acepción de la palabra.

La pandemia de coronavirus somete a las sociedades de todo el mundo a una prueba que no se veía desde hacía décadas, tanto por las vidas que se lleva como por sus consecuencias en todos los ámbitos.

Si el virus está sacudiendo las estructuras de la salud pública, la educación, la economía, el turismo, el entretenimiento, ¿cómo no iba a afectar al deporte?

La primera decisión fue la paralización casi total de competencias en todo el planeta. Algunas fueron directamente canceladas y otras, como los Juegos Olímpicos de Tokio, postergadas por un año.

Después, de a poco, volvieron a disputarse casi todos los torneos, las carreras, los partidos, pero rodeados de cuidados y protocolos (protocolos, una de las palabras del año...) inimaginables hace 12 meses. Como medida complementaria, la prohibición del ingreso de público, un duro golpe para lo que significa el deporte como espectáculo de masas. La televisión se encargó de llevar todas las imágenes desde escenarios vacíos y casi siempre silenciosos, un marco que pareció irreal.

También se instrumentó una compleja reprogramación de los campeonatos, tratando de comprimir en algunas semanas lo previsto para varios meses. 
En todo el mundo pero especialmente en Uruguay el acontecer deportivo de 2020 puede dividirse en dos grandes áreas: los certámenes que concluyeron y los que quedaron pendientes para 2021. En algunos casos no se completaron por falta de tiempo y en otros porque la nueva planificación resultó afectada por viejos vicios de desorganización e imprevisiones. Así, contagios, denuncias o violaciones a los protocolos condujeron a nuevas suspensiones o postergaciones.

Por eso, cabe colocar el cartelito de “Continuará”, que aparecía en las historietas o series que se cerraban una semana con una situación complicada para el protagonista y se reabrían la semana siguiente con la solución.

Por ejemplo, el Campeonato Uruguayo, del cual falta definir la final del torneo intermedio y el Torneo Clausura. O la Liga Uruguaya de Básquetbol, suspendidas cuando se disputaban las semifinales.

Un subtema del Uruguayo es la situación de los clubes grandes, que iniciaron el torneo local con la expectatativa de llevar adelante determinados procesos de trabajo, que luego dejaron de lado debido a los malos resultados y que en este fin de año ensayan nuevos cambios de rumbo. Lo que sí se cerró para ambos, con mayor o menor celeridad pero con similar frustración, fue la competencia internacional.

Las eliminatorias para el Mundial 2022 arrancaron con un retraso de meses que afectará las fechas futuras. El contagio masivo en el plantel celeste mostró que el riesgo existe más allá de los protocolos.

Solo para Liverpool y Rentistas en primera división, este 2020 que se va deja el sabor dulce de los objetivos alcanzados, o sea la conquista de la Supercopa y el Torneo Apertura, respectivamente.

Por definición, la competencia deportiva se resuelve en resultados: un atleta o equipo es campeón, otro finalista, algunos descienden, otros quedarán en la mitad de la tabla. No resulta natural entonces que esas resoluciones permanezcan en el aire. Todo eso convirtió a 2020 en un año excepcional, más allá de que las grandes hazañas deportivas han sido más bien pocas.

Luis Suárez y Barcelona: La salida más dolorosa del "Pistolero"

 



Al dios del gol, en un santiamén, lo arrancaron del templo. Buscaron excusas, argumentos fantasiosos y lo echaron. Lo condenaron recurriendo al argumento maléfico de que no hacía goles de visitante por la Champions League y así se quisieron cubrir la espalda por la flaqueza demostrada a la hora de proteger al equipo con los fichajes prometidos y que nunca llegaron para ganar la Champions. Luis Suárez, entonces, vivió un 2020 entre dioses y diablos.

Del Olimpo al reino del olvido. Del cielo al infierno. Del amor al repudio. De la emoción y veneración por alcanzar un lugar de privilegio en la historia del Barcelona, nada menos que desplazando a Ladislao Kubala, a los punzantes juicios como si hubiese sido el jugador que provocó la estrepitosa derrota 8-2 ante el Bayern Múnich.

Tras seis años de enorme éxito en el club blaugrana, donde acumuló 14 títulos (entre ellos una Champions League), le colgaron un cartel de “culpable”. Se olvidaron de la huella imborrable que dejó: 198 goles y 97 asistencias en 283 partidos. Tercer máximo goleador histórico del club.

Nadie podía imaginar un desenlace de esa magnitud. Lo sacaron casi por la puerta del fondo, por más discurso tonto que al final terminara haciendo Josep Maria Bartomeu (presidente por ese entonces) en el que prometió un partido de despedida para cuando “Lucho” quisiera colgar los botines. El final del salteño como blaugrana no fue nada justo. Y bastante incomprensible.

Lionel Messi: "Hoy entré al vestuario y me cayó la ficha de verdad. Qué difícil va a ser no seguir compartiendo el día a día con vos, tanto en las canchas como afuera. Te merecías que te despidan como lo que sos: uno de los jugadores más importantes de la historia del club. Y no que te echen como lo hicieron. Hasta pronto amigo. Te quiero mucho".

En los primeros días de agosto los diarios catalanes, por ejemplo, comparaban el nivel de Suárez con el de Lautaro Martínez, por aquellos tiempos el delantero más codiciado por el Barcelona para ir pensando en el recambio. Mundo Deportivo dejaba en claro que ni el avance biológico del uruguayo generaba un punto a favor del argentino. “Los números de esta temporada son claros. Luis Suárez (33) ha jugado 34 partidos, ha firmado 19 goles y ha repartido 12 asistencias. Lautaro Martínez (22) acumula 45 apariciones (11 más que el uruguayo), los mismos 19 tantos y la mitad (6) de asistencias. Está claro, mejores notas para el ‘9’ del Barça que para el ‘9’ del Inter”.

En un abrir y cerrar de ojos, nada más que nueve días después, el tsunami alemán hizo que al “Pistolero” le sacaran la estrella de Sheriff del Camp Nou y publicaran su foto como si fuese el “más buscado” para expulsar de Cataluña.

No quedan dudas. La noche más bochornosa de la historia del Barcelona precipitó el final. Por los titulares de los diarios los dirigentes le comenzaron a mandar mensajes muy directos, haciendo creer que Suárez y no la incapaz planificación deportiva o la derrota sufrida en la lucha por atrapar nuevamente a Neymar fue lo que ocasionó el progresivo descalabro.

A Suárez le dispararon para poner el foco en los jugadores, para marcarle un nuevo territorio a Messi, a quien verdaderamente de forma honesta y directa no se animaron a plantarle bandera.

Lo más llamativo de todo este 2020 que le tocó vivir a Suárez es que el grosero alejamiento hasta fue descabellado para los intereses del Barcelona. Suárez se fue a un rival directo. Y ese adversario (Atlético de Madrid) hoy, con Luis como goleador, es candidato de hierro para ganar LaLiga. Ah, y se fue gratis.

Suárez, mientras tanto, se despidió a lo grande. Como lo marcó en su vínculo deportivo defendiendo la camiseta que siempre soñó lucir. “Me siento orgulloso de los seis años que viví en el Barça. Tengo que cambiar el chip y disfrutar de la nueva etapa”, dijo el día de su adiós oficial. Quizás el tiempo le permita mirar al Barcelona desde un lugar más alto.

A Edinson Cavani le valió la espera de 2020 y hoy se afianza en el Manchester United

 



La expectativa por saber dónde jugaría el "Matador" tras su salida del PSG se extendió durante siete meses, pero el destino fue uno a la altura del goleador celeste.

A los 25 minutos del partido entre PSG y Bordeaux por la Ligue 1 de Francia, Edinson Cavani le ganó la espalda a todos los defensas del equipo rival y cabeceó un centro quirúrgico del argentino Ángel Di María para transformarlo en su gol 200 con el conjunto parisino. 43 goles antes, el delantero uruguayo ya se había convertido en el máximo goleador de la historia del equipo de París, dejando atrás a Zlatan Ibrahimovic. El gol 200 fue el último que gritó Cavani con la remera del PSG.
Era el 23 de febrero y Cavani llevaba ya casi dos meses envuelto por la información y los rumores sobre su inminente partida hacia otro equipo. Fue titular en el primer partido del año (metió dos goles) y a partir de entonces jugó de manera intermitente. Ya sin puesto seguro en el PSG, Cavani pedía salir al Atlético de Madrid, que lo quería. Jugaba de manera intermitente, pero el técnico Thomas Tuchel (recientemente destituido) decía el 19 de enero: “Si queremos conseguir nuestro objetivo, es mejor tener a Edi”. Parisinos, madrileños y Walter Guglielmone, representante y hermano de Cavani, no se pusieron de acuerdo y se confirmó que el delantero seguiría en París hasta el final de su contrato, que terminaba el 30 de junio.
El ambiente en París llevaba tiempo enrarecido por la mezcla entre las ganas de irse de Cavani, el fanatismo de los hinchas que lo idolatran hasta el día de hoy y los rumores de mala sangre en el vestuario por los celos que esa idolatría despertaba en otras figuras como Mbappé y Neymar.

A principios de febrero, Cavani, que llegó a París desde Nápoles en 2013, decía: 

“Han pasado 6 años y medio y serán 7 al final de la temporada. Han pasado muchas cosas. He creado una pequeña historia en este club. Es una gran aventura en mi vida, en mi carrera”.

Pero ya se avizoraba el final de esa aventura. Llegó el gol 200 y, un par de semanas después, con el fútbol mundial paralizado por la pandemia de COVID-19, el “Matador” retornó a Uruguay y se refugió en Salto.

La Ligue 1 se canceló el 28 de abril, lo que cerró abruptamente la peor temporada de Cavani en Francia, con 7 goles en 22 partidos. A sabiendas de que no renovaría, uno de los mejores delanteros del mundo de la última década se quedó durante meses en el limbo, corriendo en el campo y compartiendo a través de sus redes sociales el retiro momentáneo y obligado en su Salto natal.

La pregunta quemaba: ¿dónde jugará Cavani la próxima temporada? Y el paso de los días, las semanas y los meses fue acentuando la ansiedad por saber el destino del delantero celeste, al tiempo que se aproximaban las Eliminatorias y él seguía sin jugar ni entrenar.

Juan Román Riquelme quiso seducirlo desde Boca. El Inter Miami de Diego Alonso le ofreció millones. El Atlético de Madrid se decantó por Luis Suárez. El Benfica, equipo que estuvo más cerca de hacerse con sus servicios a mediados de año, se quedó con Darwin Núñez. Y Cavani esperaba entre mates, atardeceres en campaña y pasos de ballet con el SODRE.

El póster del PSG sin Cavani

La frutilla de la torta del desplante del PSG con su máximo goleador histórico llegó en agosto. Se cumplieron los 50 años del equipo y el poster conmemorativo para celebrarlo en las redes sociales mostraba a varias figuras históricas, pero no se veía al máximo goleador por ninguna parte. En cambio, estaban presentes goleadores y figuras recientes como los brasileños Neymar (que entonces llevaba 70 goles en 82 partidos) y Ronaldinho (25 goles en 77 partidos), el francés Mbappé (que tenía ya 90 goles en 121 partidos), el sueco Zlatan Ibrahimovic (156 goles en 180 partidos) y el portugués Pauleta (109 goles en 211 partidos). Los memes de hinchas de todo el mundo ridiculizando al PSG no se hicieron esperar.

A horas del cierre del mercado de pases en Europa, el 5 de octubre, se dio lo que miles de hinchas esperaban. Uno de los grandes equipos de Europa, el Manchester United, confirmó el fichaje del delantero y se acabó la espera de siete meses como tenía que acabar: con la llegada a un equipo clase A de un jugador clase A.

Previo a su llegada a Inglaterra, el delantero uruguayo pasó por Francia, donde estuvo afectado de COVID-19, lo que lo obligó a mantener una larga cuarentena que postergaría su incorporación al plantel rojo.

Los meses de inactividad le pesaron a Cavani de tal manera que él mismo pidió a Tabárez no ser convocado a la primera doble fecha de Eliminatorias. Para la segunda, Cavani volvió con luces y sombras. Un golazo para abrir la goleada a Colombia en Barranquilla y una tarjeta roja frente a Brasil que lo dejará afuera del próximo partido contra Argentina, en marzo de 2021.

En el United lucha por un puesto en el 11 con jóvenes talentosos como Marcus Rashford, Mason Greenwood y Anthony Martial. Voces se han alzado en Inglaterra que llaman a estos tres a aprovechar la presencia y aprender de un goleador certificado en Europa como Cavani. Solskjaer lo lleva de a poco, pero el "Matador", con cuatro goles en 12 partidos, ya le empieza a demostrar a él, al club, a sus compañeros de equipo y a los hinchas la calidad que lo llevó a sus 33 años a un grande de Europa.

Liverpool primero y Rentistas después dieron los batacazos del año

 


Los dos títulos que pudieron definirse en 2020 se los llevaron equipos en desarrollo: el negriazul ganó la Supercopa y el Bicho Colorado el Apertura, ambos en finales ante Nacional.

El 2020 será recordado por la pandemia, pero a nivel futbolístico en Uruguay también será recordado por el año en el que los equipos chicos se hicieron grandes, por el año en el que los clubes llamados en desarrollo se atrevieron a meterse en un mundo desconocido.

Porque Liverpool se coronó por primera vez en la Supercopa Uruguaya y porque Rentistas fue el ganador del Torneo Apertura. Fueron los únicos dos campeonatos que finalizaron, por eso quedará marcado como un año histórico, pues ni siquiera se pudo terminar el Torneo Intermedio, en el que resta la final entre Nacional y Wanderers, y ni que hablar del Campeonato Uruguayo.

El primer batacazo se dio en enero, cuando el Liverpool de Román Cuello venció al Nacional de Gustavo Munúa en el Estadio Domingo Miguel de Maldonado. Los de la “Cuchilla” triunfaron 4-2 pese a todos los pronósticos, que daban como claro favorito a los tricolores.

Pero Liverpool hizo un partido muy inteligente. Cuando parecía que Nacional se lo quedaba porque Gonzalo Castro marcó el gol en tiempo de adición para llevar el partido a alargue, los negriazules fueron más eficaces, aprovecharon las oportunidades y se quedaron con un triunfo gracias a los goles de Agustín Dávila, Alan Medina, Martín Correa y Fabricio Díaz, el pibe de La Paz, que se recibió de “mayor” producto de una espectacular actuación.


Después, la campaña de Liverpool fue bastante irregular en el Uruguayo y llevó a que Cuello dejara de ser el entrenador, Gustavo Ferrín tuvo un pequeño interinato y posteriormente los presididos por José Luis Palma confirmaron en el cargo a Marcelo Méndez.

Para Nacional fue el primer cimbronazo de un año agitado, en el que logró meterse entre los ocho mejores equipos del continente y terminarlo como primero en la Tabla Anual. Pero en un 2020 donde perdió la Supercopa Uruguaya que había ganado en el 2019 y donde se quedó con las manos vacías en el Apertura, después de perder 1-0 en la final con Rentistas, también en el alargue.

Los “Bichos Colorados”, de la mano de Alejandro Capuccio, hicieron una campaña sensacional viniendo de la Segunda División y fueron la grata revelación de una temporada que aún no ha terminado.

Con una columna vertebral clave, con una mixtura entre futbolistas de experiencia y otros juveniles, el DT logró darle a Rentistas aquello mismo que se le había escapado en 1998 con Martín Lasarte: el título de un torneo corto.

Por encima de las individualidades, Rentistas demostró ser un equipo, porque no tuvo ningún jugador de renombre, más bien futbolistas de experiencia pero con mucha hambre de gloria, y que hoy siguen yendo por más, porque los “Bichos Colorados” están segundos en la Anual.

Rentistas tuvo a Yonathan Irrazabal siendo uno de los mejores arqueros del medio, a Andrés Rodales destacado en el lateral y con su condición de capitán y referente, grandes rendimientos de los zagueros Alexis Rolín y Maxi Falcón (luego vendido a Colo Colo), rendimientos parejos de Ramiro Cristóbal, Santiago Romero y Matías Abisab, la habilidad de Christian Olivera (después transferido a España) y la capacidad goleadora de Renato César y Gonzalo Vega, quien fue el encargado de marcar el gol en la final en el minuto 92 en aquel histórico 14 de octubre, que se lo guardarán para siempre en su memoria.

Doble tropiezo: Nacional, Peñarol y sus vidas paralelas


 

Los dos equipos grandes comenzaron el año apostando por técnicos jóvenes como Gustavo Munúa y Diego Forlán, pero ambos fueron cesados.

Gustavo Munúa y Diego Forlán comenzaron a trabajar el mismo día: el 6 de enero de 2020. Tanto Nacional como Peñarol apostaban entonces por entrenadores jóvenes e identificados con sus clubes para sustituir a Álvaro Gutiérrez, que se iba campeón del tricolor, y a Diego López en el aurinegro.

En su primer día, Munúa reconoció que siempre que lo llamaba Nacional le movía el piso y contó que en su contrato con el Cartagena había incluido una cláusula por la cual podía salir del club sólo si lo llamaba Nacional. El amor de Munúa por el club donde se formó es grande y por eso no dudó en regresar y embarcarse en su segunda experiencia como técnico tricolor.

Ese mismo día, a unos cuantos kilómetros del lugar donde era presentado Munúa, Diego Forlán regresaba al Campeón del Siglo, el escenario donde había anotado el primer gol, pero esta vez para dirigir al equipo aurinegro.

Había sido votado por unanimidad por el Consejo Directivo aunque se trataba de su primera experiencia como entrenador y un gran signo de interrogación se abría en torno a su gestión. Arrancar la carrera en un equipo grande parecía un desafío enorme, aun para Diego Forlán.

En su primera etapa como técnico de Nacional a Gustavo Munúa le había ido bien en lo internacional, pero no tanto en lo local. Aseguró que regresar no era una revancha, que llegaba con cuatro años más de experiencia como entrenador y que estaba preparado para llevar adelante, en dos años, el ambicioso proyecto del club. No negó, que el mismo incluía volver a ganar el Uruguayo y realizar la mejor campaña posible en la Libertadores. Además de potenciar a los juveniles.

Diego Forlán por su parte, llegaba con la obligación de ser campeón uruguayo, algo que había conseguido como jugador en la temporada 2015-16. Pero también para llegar lo más arriba posible en la Libertadores. “Hay un gran desafío internacional. Sería algo espectacular superar la fase de grupos y si tenemos esa oportunidad, en el mano a mano es otra cosa”, decía Forlán al mes de haber asumido.

Pero ninguno de los pudo completar su contrato ni cumplir sus objetivos. Habían asumido el mismo día, y se fueron con dos meses de diferencia. La aventura de Munua duró nueve meses: fue destituido en octubre tras haber perdido dos finales frente a equipos chicos: la de la Supercopa Uruguaya a principios de año frente a Liverpool y la del Apertura a manos de Rentistas. Los “Bichos Colorados” le ganaron dos partidos en el primer torneo del año

Poco importó que Nacional comenzara el torneo Intermedio ubicado primero en la tabla Anual, con 28 puntos, los mismos que Rentistas. Ni que también liderara en ese momento su grupo en la Copa Libertadores con Racing de Avellaneda.

El no haber sabido cerrar el torneo y la falta de autocrítica fueron los argumentos esgrimidos por los directivos tricolores.

La experiencia de Forlán duró aún menos: fue cesado por Jorge Barrera en agosto. La falta de una idea futbolística clara, la falta de rebeldía del equipo y el bajo porcentaje de puntos obtenidos fueron algunas de las razones que argumentaron los dirigentes para despedirlo. Aunque hubo consenso para apoyar al presidente, no todos los directivos estaban de acuerdo.


Nacional y un final de año en crisis por indisciplina

Nacional está primero en la Tabla Anual, en la final del Torneo Intermedio y llegó hasta los cuartos de final de la Copa Libertadores, pero finaliza el 2020 en plena crisis debido a un acto de indisciplina de un grupo del plantel principal que involucró a 13 futbolistas.  Después de perder contra Peñarol 3-2 en el Campeón del Siglo, siendo la primera derrota clásica en ese escenario, y antes de disputar el encuentro de vuelta contra River Plate por la Libertadores, ese grupo de futbolistas, entre los que hay algunos referentes, tuvo un encuentro en el hotel con tres mujeres, rompiendo la burbuja sanitaria. El MSP multó a Nacional con 500 UR.

Eliminatorias: Uruguay, con gol de Suárez, derrotó 1-0 a Paraguay en Asunción y se entona

  Un pase de Godín para Suárez y la definición cruzada del Pistolero sentenciaron la victoria de visita que impulsa el camino rumbo a Catar ...