Mostrando las entradas con la etiqueta Maracaná. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Maracaná. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de julio de 2020

Maracanazo: Un algoritmo informático aproximó estadísticas del partido y destruyó mitos



La tecnología y relatos radiales llevaron a reconstruir el último partido del Mundial de 1950, donde Uruguay no sufrió tras el segundo gol.
Mitos y verdades han rodeado durante 70 años a uno de los partidos más memorables de la historia de los mundiales de fútbol, el mítico "Maracanazo", en el que la selección de Uruguay derrotó a la poderosa Brasil en su casa 2-1 y que un algoritmo uruguayo revela ahora.
El partido fue “un infierno” para Uruguay y Brasil fue un equipo “muy superior”. Estos son algunos de los mitos que se han levantado tras este encuentro, que gracias a la tecnología informática y un relato radial de la época se han logrado descifrar para una aproximación casi real a los acontecimientos.
Se trata de un algoritmo informático que, partiendo del relato de ese partido y su transcripción a texto, lo procesa y encuentra “todos los instantes donde los jugadores tienen protagonismo” y reconoce a cada jugador por separado y, a partir de eso, se modela lo que se llama “una máquina de estados temporizada”.
LAS ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO
Así lo explica a Efe el ingeniero informático y creador de este sistema, Pablo Sartor, quien destaca que a partir de su aplicación pueden extraerse estadísticas como porcentaje de posesión de pelota de los equipos, porcentaje de actividad o intensidad de trabajo que tuvo cada jugador y la evolución de ese número a lo largo del partido.
De acuerdo a los resultados obtenidos, afirmó que se encontraron con “algunas afirmaciones clásicas” sobre ese partido que tienen asidero y otras que no lo tienen.
“Yo crecí escuchando que ese partido había sido un infierno para Uruguay, que Brasil era un equipo muy superior y que, a base de garra y soportar el partido y aprovechar muy bien las chances que tuvo Uruguay, lo había ganado 2-1”, expresa.
Sin embargo, tras el análisis del partido lo que surge, en cuanto a la posesión de la pelota, se obtuvo que globalmente fue un 60 % - 40 %, lo que indica que Brasil tuvo “un poco más la pelota pero no exageradamente”.
Otro dato extraído del estudio fue que luego del primer gol brasileño la posesión cambió a un 57 % - 43 % y al cabo de 33 minutos, cuando Uruguay anotó dos goles se nota un cambio “muy fuerte” en las estadísticas en la posesión de Brasil que vuelve a ser mayor con el 64 % y 36 %, respectivamente.
“Se ha dicho tradicionalmente que el segundo tiempo con los goles se volvió más intenso y en realidad lo que observamos nosotros es que la dinámica del partido cayó en el segundo tiempo. Cae Brasil un 18 % y Uruguay un 11 %. Esto entendido como la cantidad de rotación de la pelota entre distintos jugadores. En el primer tiempo hay más juego asociado y toque”, explica.
BRASIL DOMINÓ... PERO MÁSPOLI SE ABURRIÓ
Para Sartor, quien también es profesor en la Escuela de Negocios de Montevideo, un dato curioso del segundo tiempo es que, a pesar del dominio brasileño en la posesión del balón, en los últimos 11 minutos del partido el arquero celeste Roque Máspoli tuvo en ese lapso menos trabajo que el que tuvo en la primera mitad.
“Lo que uno puede ver a través de este análisis es que este fue un partido entre dos estilos diferentes. Un equipo de mucha posesión de la pelota frente a otro más vertical y agresivo pero un partido parejo en el cual uno de los dos equipos tiene siete chances y otro seis (...). El resultado podría haber sido un empate o ganado Brasil por un gol. No tiene nada de increíble ni afortunado”, asevera.
Sartor insiste en que estos resultados “echan por tierra” una tradición de considerar ese partido, más allá del talento de los jugadores, “muy afortunado” para Uruguay o en el que los celestes obtuvieron un resultado “inmerecido” de acuerdo al trámite.
Además, defiende que el factor de diferencia que un humano generaría como datos de posesión de balón ronda entre un 5 y 10 % de diferencia con el algoritmo que es lo que surge del relato de radio.
A Sartor y su equipo les queda “la satisfacción” de aportar un “grano de arena” para que se entienda lo que “realmente sucedió” en esos 90 minutos, abstrayéndose tanto del contexto del entorno previo y de las casi 200.000 personas en las tribunas.
“Es hacer justicia también con esos futbolistas, en el sentido de que a nosotros nos gusta repetir que eso fue una hazaña, que ese día lograron algo imposible y si uno repite eso lo único que está diciendo es que esos jugadores no estaban a la altura del rival y ese día con esfuerzo, garra y fortuna lograron algo impensado que estaba fuera del cálculo”, concluye.

Se cumplen 70 años del Maracanazo; mucho más que un título y una remontada a domicilio



A siete décadas de la máxima hazaña en la historia de la Copa del Mundo, recordamos cómo se llegó a aquel glorioso 16 de julio.
A dos días del 18 de julio, fecha patria de la República Oriental del Uruguay por cumplirse un nuevo aniversario de su primera constitución, hay otro “feriado” ineludible y está estrechamente vinculado al fútbol. 16 de julio, fecha de Maracaná y todo dicho.
Que fue, es y será la máxima hazaña de la historia de los mundiales, no hay dudas. Que nunca se repetirá una situación así en Copas del Mundo, tampoco.
La Celeste, mal preparada en lo previo al torneo, con problemas internos y enfrentando a un rival que parecía superior, siguió estirando una leyenda que había dado inicio algunas décadas atrás.
Pero la consagración no se limita a esa mágica tarde del 16 de julio de 1950, cuando más de 180.000 personas fueron testigos de una tragedia que para tres millones sigue siendo motivo de orgullo.

El antes
 
No fue exclusividad de las décadas posteriores el hecho de que una selección uruguaya llegara mal preparada a un Mundial, pero como habitualmente se dice, “los triunfos tapan todo”.
El entrenador asumió en su cargo 15 días antes del inicio del certamen, ya que la dirigencia uruguaya no lograba ponerse de acuerdo en la designación de un director técnico.
Los partidarismos no hacían posible que hubiera consenso, por lo que los nombres del húngaro Emérico Hirsch (Peñarol) y de Pedro Cea (Nacional) quedaban por el camino. Enrique Fernández aceptó el desafío pero renunció rápidamente, y José Nasazzi tenía influencia en las decisiones vinculadas a la selección, pero también rechazó asumir la dirección técnica.
Por ello, se llegó al nombre de Juan López, de Central Español, que fue asistido por el profesor Romeo Vázquez y tres kinesiólogos, entre los que estaba el amuleto Ernesto “Matucho” Fígoli, el único uruguayo protagonista de las cuatro consagraciones celestes a nivel mundial.
Todas esas dificultades se sumaron a la huelga de 1948 y sus secuelas. El cese de actividades entre octubre de 1948 y abril del año siguiente, dejó trunco un torneo y tirantes varias relaciones.
En abril de 1949 Uruguay se presentó a un Sudamericano en Brasil con jugadores amateurs y algún profesional que no acató el paro. Entre los carneros estaba el artiguense Matías Gonzales, a quien los profesionales ya no querían en la selección y hasta dejaron de dirigirle la palabra.
Sin embargo, Nasazzi como integrante de la comisión de selección dijo: “Si Uruguay quiere ser campeón, el back derecho debe ser Matías Gonzales”. Su peso era absoluto en ese tipo de decisiones, por lo que se hicieron las gestiones para lograr una solución.
Charlaron el Mariscal y el Negro Jefe, y hubo humo blanco. Obdulio reunió a los suyos antes de partir hacia suelo brasileño y fue bien claro: “Con Matías estuvimos en veredas opuestas, pero hoy tenemos que estar todos juntos. Ahora le voy a dar la mano, y luego lo harán todos". Punto final al conflicto.

El torneo
 
Sin su mejor forma futbolística ni partidos amistosos que sirvieran de preparación, llegaba la Celeste a Brasil con la suerte que a veces se necesita. Es que en las eliminatorias no se presentaron Ecuador ni Perú, por lo que Uruguay y Paraguay quedaron automáticamente clasificados.
El debut en Belo Horizonte el 2 de julio fue más fácil de lo esperado, y se logró un contundente 8-0 que daba el pase a la fase final, ya que por dos deserciones el grupo 4 quedó reducido a dos participantes.
El resto de la historia es más conocida. Empate a dos con España con un tanto de Alcides Ghiggia y un misil de Obdulio Varela desde 35 metros para igualar a los 73’ en Pacaembú (Sao Paulo), y sufrido triunfo ante Suecia en el mismo escenario por 3-2 con la infaltable cuota goleadora de Ghiggia y doblete de Oscar Míguez a los 77’ y 85’ para dar vuelta el score.

La final
 
Tres días después llegó la final y la decepción brasileña. Decir que los goles los marcaron Ghiggia y Juan Alberto Schiaffino resulta una obviedad, tal como recordar que aquellos dirigentes que no se ponían de acuerdo para designar un técnico y luego se votaron medallas de oro (y a los jugadores de plata), recordaron a los futbolistas que “perdiendo por tres está bien”.
Es que el dueño de casa venía de golear a los mismos rivales que tuvieron a maltraer a la Celeste. Por ser un cuadrangular y no una final como las de la actualidad, a los norteños les alcanzaba con el empate para levantar el trofeo por primera vez.
“Cumplidos sólo si ganamos”, fue la palabra del Negro Jefe, que pidió a los suyos “no mirar para arriba” porque “el partido se juega abajo y los de afuera son de palo”. Y se ganó metiendo pero también jugando. Un grande lloró y un pequeño gigante festejó un triunfo que hasta hoy genera sentimientos de nostalgia.
Las voces de Carlos Solé, Heber Lorenzo (CX 8 Radio Sarandí), Duilio De Feo, César Luis Gallardo (CX 24), Chetto Pelliciari y Luis Víctor Semino (CX 18 Sport) fueron las encargadas de relatar una victoria que sacó a la gente a las calles.
Para el rival fue la despedida de la hasta entonces característica camiseta blanca, y para el mundo entero una sorpresa. Incluso para el presidente de la FIFA Jules Rimet, que no sabía bien qué hacer a la hora de la ceremonia. El francés tenía un papel guardado en un bolsillo con un discurso para agasajar al campeón, que no podía ser otro que Brasil.
“Con la copa o sin ella, somos campeones igual”, dijo Obdulio antes de recibir el trofeo y festejar con los suyos. Horas después se fue de copas solo por los bares cariocas y sintió de cerca esa tristeza generalizada que terminó pasándole factura perpetua a Moacir Barbosa, el desafortunado arquero norteño de esa tarde.
Roque Máspoli; Matías Gonzales, Eusebio Tejera; Schubert Gambetta, Obdulio Varela, Víctor Rodríguez Andrade; Alcides Ghiggia, Julio Pérez, Omar Míguez, Juan Alberto Schiaffino y Ruben Morán fueron los 11 elegidos por el destino para llevar adelante la hazaña.
Aníbal Paz, Juan Carlos González y Ernesto Vidal lo hicieron en otros encuentros, y también integraron aquel plantel Williams Martínez, Héctor Vílchez, Rodolfo Pini, Washington Ortuño, Julio César Britos, Carlos Romero, Luis Rijo y Juan Burgueño.
Para todos ellos, el eterno agradecimiento de un pueblo que se enorgullece de su historia, y no por ello dejará de ilusionarse con repetir viejos logros para poder festejar un nuevo 16 de julio.

domingo, 10 de mayo de 2020

Falta plata, sobra historia



En la segunda entrega de esta sección, Juan Carlos Scelza analiza la dimensión universal del fútbol y las ramificaciones sociológicas que encierra un símbolo sagrado para los uruguayos.



Escribe: Juan Carlos Scelza

Ogasawara, a diez minutos del final. Parecía que ni el alargue cambiaría el 0 a 0, pero llegó acompañado de festejo por la obtención del título. 8 de diciembre: Kashima Antlers era el nuevo monarca del país que seis meses después sería anfitrión del Mundial 2002.

Exactamente una semana antes, en la coreana Busan, el bolillero había indicado que Uruguay debutaría ante Dinamarca el 1 de junio. Durante quince días, junto a Ariel Téllez, recorrí las ciudades y los estadios del exótico campeonato compartido que nos esperaba.

Si el estadio de Kashima, ese de la final que acabábamos de observar, impactaba, la recorrida no dejó de sorprendernos. Arquitectura, diseño, tecnología, presentaban estadios que salían de lo común. Saint-Denis, con sus tribunas retráctiles, deslumbró en el 98, dando un quiebre a los modelos convencionales presentados hasta ese entonces. Las nuevas versiones mundialistas permitieron acompañar el progreso de escenarios que bajo millonarios requisitos de la FIFA -la mayoría, inversiones de 500 millones de euros- siguen ciertas coordenadas, y que asemejan su estructura a naves espaciales y sus comodidades a las de lujosos shoppings u hoteles 5 estrellas.

Con el despliegue de “Fanáticos”, en la última década hemos recorrido cada rincón de los más encumbrados estadios del mundo. Old Trafford o la Bombonera, Maracaná o el Allianz Arena, San Siro, el Camp Nou, Wembley, el Azteca… Y ahora en unos meses nos esperará, cuando se abran las fronteras, conocer la nueva e impactante versión del Santiago Bernabéu.

¿Qué representa el Estadio Centenario? Esta vez era yo el que tenía que responder a la pregunta de Felipe Abuchalja, tras la invitación a participar del documental de los 90 años del Centenario, que se cumplirán en pocos meses. Tratando de no caer en lugares comunes, pero con la  sinceridad de siempre, no dudé en decir que por años fue mi segunda casa. Fue el primer contacto con el fútbol, el empujón a la vocación, la elección de una atrapante profesión de la que jamás quise separarme. Fue, también, la primera transmisión, y la barra de amigos del barrio y del colegio compartiendo la tribuna.

Es verdad que el lujo de la arquitectura de avanzada presentada por el arquitecto Scasso se ha desplomado por la falta de recursos. Dejadez, desidia y falta de visión han conspirado desde hace ya varias décadas para lograr el cruel deterioro que se padece. Claro: el Centenario tiene lo que otros envidian. Va para cien años, y en él vive la historia en cada rincón.

El Estadio es el gol del “Manco” Héctor Castro el 18 de julio del 30 ante Perú, cuando el cemento todavía estaba fresco y el festejo del “Chengue” ante los australianos no significaba siquiera una posibilidad remota. Es el primer gol de la Libertadores anotado por Borges y la primera Intercontinental de todos los tiempos con la visita del Real Madrid. El “manicero” haciendo los cucuruchos de papel de diario en la Platea América. Y, en épocas en que se podía, el tradicional grito de “Cigarrrrroooooo” del vendedor de la Olímpica.

El paso apurado por el Parque Batlle de los impuntuales que no se quieren perder el comienzo del partido, los buses que llegan tempranito portando la ilusión de cientos de hinchas que vienen desde el interior para acompañar el suceso celeste de los últimos tiempos. Y los cuatro goles de Suárez a Chile en su gran noche de 11 del 11 del 11, el cabezazo de Ancheta para meter a la celeste en México 70, el “limonazo” del “Chicharra” Ramos, la primera vuelta olímpica en la historia mundialista con Nasazzi a la cabeza y, cincuenta años después, la “agachada” de Victorino que significó la Copa de Oro.

Haciendo un programa en medio de un homenaje que le realizaban en una de las tantas cantinas céntricas de Buenos Aires, Ricardo Bochini, el gran talento de Independiente, me confesó: “¿Sabés lo que era jugar de visitante en el Centenario? Era bravísimo”. Si lo dice él, que debutó en Montevideo en la final que el «Rey de Copas» le ganó a Colo Colo en 1973, no hay nada más que agregar.

El Centenario es doblete de Zico en la conquista de Flamengo, el zapatazo del “Chango” Juan Carlos Cárdenas ante el Celtic, la sorprendente aparición del Estudiantes de los alfileres o el penal que tapa el “Loco” Hugo Gatti para que Boca gane su primera Copa.

Es el inconfundible aroma a café, los “garroneros” de cada tarde esperando al dirigente de turno en la puerta del palco oficial, los taludes repletos y la policía montada intentando impedir la coladera para la tribuna. Es el viejo “placard” de la Amsterdam en el que se colocaba manualmente el gol de ese partido, y el del resto que se jugaba al mismo tiempo en otras canchas.

Sería para la curiosidad de la época, y seguramente la mayoría lo desconoce, la larga subida a los vestuarios que estaban en los ángulos superiores de la Tribuna Olímpica. Es la emoción indescriptible del himno cantado por todos y la bandera desplegándose en la Torre de los Homenajes (emblema único e identificativo del “monumento al fútbol mundial”). Son los goles de Luis Artime ante los griegos, y de Pepe Sasía ante el Benfica, para los triunfos intercontinentales de los grandes.

Visitantes de lujo: Messi, Ronaldinho, Ronaldo, Rivaldo, la Alemania campeona de los 90, el joven y encendido Maradona del 79, el Torpedo de Moscú, Rummenigge, Bonhof, Allofs y Shumacher. El enorme Sócrates empatando la final del Mundialito, Pelé conquistando su gol 1001 en la Supercopa del 69, la Italia que se aprontaba para ganar el Mundial de España con Tardelli, Graziani y Antognoni. Los hermanos Van de Kerkhof. El inglés Kevin Keegan en los 80, Riquelme, Passarella, el “Beto” Alonso, Tévez, Tostão, Gerson o Clodoaldo.

También pisaron su gramilla el gran Eusebio, Hugo Sánchez y la famosa Inglaterra de los años 50, Garrincha, Romário, Bebeto, Alfredo Di Stéfano con su poderoso Real Madrid -y sin tanta prensa como ahora-, Stábile o Peucelle en la final del 30, Lev Yashin o el húngaro Puskás a comienzo de la década de 1960.

El Estadio Centenario es cobijarse de la tormenta bajo las alas de la Torre, y la transformación de las cabinas y de la parte superior de la América para recibir a los campeones del mundo en 1980. Es la ansiosa espera del vestuarista para conseguir por lo menos a la pasada el saludo del ídolo. Son horas y horas de cables, conexiones, móviles y camarógrafos haciendo las pruebas para que la trasmisión salga impecable. Las torres de luces amarillentas que teñían los partidos nocturnos, la “murguita” de Nacional que llevaba el platillo y el redoblante al balcón inferior de la Olímpica, y la bandera de Peñarol  con once lucecitas alimentadas con la batería de un auto que simulaba estrellas en la parte central de la tribuna.

Bajar del auto al son de “una chapita pa’l vino”, el arte único -casi un malabar- de los locutores que al mismo tiempo dan vuelta el fichero, leyendo la publicidad a gran velocidad y teniendo el micrófono, los parlantes que te dicen que “Cativelli es Cativelli”, que “Paterson y yo vamos a la playa”, mientras los chicos “Sanforizados” alcanzan la pelota. Los mismos chicos que saben que, cuando llegue el cambio de futbolistas, habrá “uno más para atender”.

Son los récords del “Potrillo” Fernando Morena, primero 34, después 36 y hasta 7 goles en un mismo partido. “El Bigote” y su récord clásico. Los zapatazos de Pedro Rocha, de Ambrois y de Bibiano Zapirain para distintos Sudamericanos. El “Juvenil de Plata” del 79, de la mano de Raúl Bentancor y de Esteban Gesto. La pegada de Bengoechea en la final ante Brasil, el penal del “Manteca” Martínez y el que le ataja Álvez a Túlio en el consagratorio 1995.

Claro que el Centenario se ha venido abajo, y es una responsabilidad de todos, que no excluye a gobiernos departamentales de turno de varias décadas ni a la dirigencia de la AUF. Nadie se detuvo para darse cuenta de que el mundo de los espectáculos iba en otro sentido, y de que los grandes, tarde o temprano, llevados por las nuevas coordenadas económicas, lo iban a dejar huérfano.

Respeto, pero no me sumo, a la utópica versión de un Mundial en el año 2030. Aunque sí creo y apoyo firmemente la búsqueda de la recuperación de un estadio que es mito y leyenda en el mundo. Y estoy de acuerdo con el contador Ricardo Lombardo, en el sentido de que a los cien años de su apertura, necesariamente deberán abrirse las puertas para interesar a capitales extranjeros. Es más: soy de los que sostienen que Uruguay debe solicitar la realización de la segunda edición de la Copa de Oro, como ocurrió en el cincuentenario del Mundial. Y eso, créanme, es bastante más sencillo e igual de redituable que la quimera de ser una de las sedes de la Copa del Mundo.

Mientras Torque se hace local de tribunas vacías, y con el desafío de mejorarlo y proyectarlo, el Estadio seguirá siendo siempre el corazón del fútbol uruguayo, aun cuando fue capaz de ponerse los guantes de “Dogomar”, maravillarse con los Globetrotters, recibir a Alfredo Zitarrosa tras el exilio, abrirles las puertas a Los Olimareños, y admirar a los Rolling Stones y a Paul MacCartney. O hasta cobijar el Concurso de Carnaval o la última etapa de varias Vueltas Ciclistas.

Es el Centenario, la cita obligada del domingo después de los ravioles familiares. Es bandera, papel picado y compartir un par de horas con desconocidos de la vida, pero compinches de tribuna. Es pasión de todos, hasta de aquellos a los que, por haber estacionado apurados, los parlantes los convocaron en pleno partido: “Se comunica al conductor del coche matrícula… presentarse en puerta del Palco Oficial”.

No parece poco, ¿verdad?

sábado, 9 de mayo de 2020

Brasil: Inauguraron hospital en el Maracaná


El mítico estadio de fútbol, donde la selección uruguaya obtuvo el campeonato del mundo en 1950, se transformó en un hospital debido a la necesidad de infraestructura en medio de la pandemia por COVID-19. 

El Maracaná, ubicado en Rio de Janeiro, Brasil, se transformó en un hospital con 170 camas, a las cuales se le sumarán 230 más para alcanzar las 400. Actualmente cuenta con 50 camas disponibles para terapia intensiva y 120 para enfermería.
Rio de Janeiro es el segundo estado más afectado por el nuevo coronavirus en Brasil. De hecho, este sábado, día que se inauguró el hospital, el vecino país cuenta con 79.691 afectados por COVID-19. Desde que comenzó la pandemia ha tenido un total de 149.101 casos y 10.113 fallecidos. 
Cabe destacar que el hospital fue construido en 38 días y las 230 camas restantes deberán estar prontas para el viernes 15 de mayo. 
Según el gobernador Wilson Witzel “es un hospital de alta complejidad. Comparado con lo que se hizo en China, en 30 días, tiene una complejidad aún mayor”. 
Edmar Santos, secretario de Salud del estado, se refirió a las características del centro médico, que cuenta con dos equipos de tomografía, aparatos de ecografía, rayos X portátil y de hemodiálisis.
Además, informaron que quienes estén internados en el hospital podrán comunicarse con sus familiares y amigos por teleconferencias. Debido al alto contagio del coronavirus se optó por esta medida y no por visitas presenciales. 
Finalmente, en Rio de Janeiro se han dado 15.741 casos y hasta el momento han fallecido 1.503 infectados. 
La capacidad del estadio Maracaná es para 78.000 espectadores y albergó la final del Mundial 2014 disputado en el vecino país.

Eliminatorias: Uruguay, con gol de Suárez, derrotó 1-0 a Paraguay en Asunción y se entona

  Un pase de Godín para Suárez y la definición cruzada del Pistolero sentenciaron la victoria de visita que impulsa el camino rumbo a Catar ...