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jueves, 30 de agosto de 2018

River goleó 3 a 0 a Racing en el Monumental por el partido de vuelta de los octavos de final de la Copa Libertadores



No necesitó esta vez River desplegar el aura de equipo copero, un sello de la era Gallardo, para ganar un viejo clásico del fútbol argentino, esta vez revestido con los colores de la Libertadores , y agregarle un pequeño capítulo más a ese idilio que sus hinchas mantienen con el entrenador. Discutida en los escritorios hasta el aburrimiento en los días previos, al final la serie más histérica de los octavos de la Copa se resolvió con un 3-0 exagerado en el número pero no en el merecimiento. Sin haber desarrollado un ejercicio de fútbol de alto vuelo, pero mejor en todos los aspectos del juego, River se quedó con el pase para enfrentar a Independiente después de abrir el arco rival, eso que no le salió en los cuatro partidos anteriores y que tanta falta le hacía. Rota esa barrera, otra vez se anota en la carrera internacional, la que más lo atrae en los tiempos modernos. Así lo expresó el estadio en ese rugir del final.
Los estados emocionales impactan decisivamente en el desarrollo de este juego. Según avanza el guion se va dibujando un electrocardiograma, con las subidas y bajadas que reflejan el andar del partido. Aunque hay excepciones: el Monumental describió una parábola riverplatense que fue en ascenso durante todo el primer tiempo al compás de un equipo que se hizo dueño del resultado y el juego, en ese orden de aparición. Los baches hacia abajo en toda esa etapa llevaron la camiseta de Racing, tímido desde el arranque, pesado en sus movimientos y aturdido a partir del gol de Pratto, consecuencia de la mejor jugada de la noche.
Cualquier especulación naufragó con ese derechazo redentor del delantero a la red de Arias: debido al 0-0 de la ida, se eliminaba la posibilidad de una definición por penales, así que no había nada que cuidar. Ordenado a partir de Enzo Pérez como un  5 de posición, River fue a partir de la ventaja una amenaza latente, una formación concentrada en aprovechar las flaquezas defensivas del rival. La enjundia de Borré -mal canalizada tantas noches- tenía en Pratto quien lo sirviera; el talento de Quintero -aun con su empeño estéril de pretender que cada pase suyo sea de gol- y la vitalidad de Nacho Fernández conformaban un combo sobrio pero demasiado consistente para un Racing que nunca arrancaba.
¿Qué proponía Coudet? Ser ancho con Centurión -siempre en el centro de las miradas, empleó más energías en discutir que en jugar hasta irse expulsado- y cadencioso con Neri Cardoso; tener control con Domínguez, vértigo con Zaracho y potencia con Lisandro López y Bou. Tan poco cosechó de todo eso que desnudó otra cosa: con el plan A desactivado por el gol de Pratto, lo que fallaba (o le faltaba) era la convicción para ponerse a la altura de su necesidad. Tan mal pisado andaba que la tormenta que amenzaba la zona del estadio se desató solo sobre sí mismo: un tiro libre mal gestionado en ataque terminó, diez segundos después, en el gol de Palacios en el otro arco.
El entrenador -muy aplaudido antes del comienzo- buscó mejores ideas en Pol Fernández en el arranque del segundo tiempo, mientras River ya acomodaba su cuerpo para estacionarse más cerca de Armani: Quintero era volante decidido y no enganche, y Pérez cada vez más patrón del medio. Debía Racing salir a remolcar una serie con todo en contra, incluso sus fantasmas: los golpes sucesivos que sufrió en el final del semestre pasado -quedar fuera de la Copa Argentina y regalar la clasificación a la próxima Libertadores- entraban a jugar también. Tantos kilos en la mochila, al final, fueron imposibles de convertirse en soluciones para un problema de difícil resolución a esa altura. No tuvo tampoco el envión de encontrar un gol que lo reavivara, ni siquiera en las tres ocasiones que lo merodeó: claro, estaba Armani.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Copa Libertadores: River Plate y una remontada que quedará para la historia

El equipo de Marcelo Gallardo había perdido por 3-0 en Bolivia y no solo lo dio vuelta en Argentina, sino que además goleó a Jorge Wilstermann por 8 a 0. De la mano del "Muñeco", el elenco Millonario sigue haciendo historia.
Ni el más fanático hincha de River Plate hubiera soñado con este desenlace. Luego de hacer un buen partido en Bolivia pero perder por 3 a 0 la incertidumbre estaba instalada y no se veía como una cosa tan clara la remontada. Los del "Muñeco" Gallardo se habían puesto una meta: tres goles en el primer tiempo.
Increíblemente, como hicieron con la serie, lo lograron y lo aumentaron ya que en el final de los primeros 45 minutos, River Plate ya ganaba 4 a 0. En una noche que será inolvidable para Ignacio "Nacho" Scocco, el delantero se despachó con tres goles en la primera mitad y estos sumados a los de Enzo Pérez cerraron un 4 a 0 que lo dejaba arriba en el marcador y en la serie.
A los 9', 14' y 19' "Nacho" hizo explotar la garganta de los hinchas Millonarios que ya habían agotado las entradas el día después de que salieron a la venta. Hasta ahí mucha mesura para el exjugador de Newells que simplemente festejaba con el puño apretado y yendo a buscar el balón para mover rápidamente del medio del campo. La algarabía ya fue un poco más grande cuando Enzo Pérez, a los 36', ponía el cuarto tanto tras una gran asistencia de Scocco que a esa altura ya era figura.
De todas maneras, para el segundo tiempo River Plate no aflojó. Prueba de ello es que al minuto del complemento encontró el quinto gol. El autor no podía ser otro que Ignacio Scocco, que tuvo su noche soñada y alcanzó el poker de goles. Pero la máquina de Gallardo no sacó el pie del acelerador y a los 53' hubo un nuevo goleador: Ignacio Fernández. 
Cinco minutos más tarde, mientras todo el mundo fútbol observaba atónito el marcador y la efectividad del conjunto de Marcelo Gallardo, una vez más apareció "Nacho" Scocco para sentenciar su quinto gol, en una noche que ni el mismo se había imaginado. Pero la goleada no terminó allí, ya que Enzo Pérez anotó un doblete con un verdadero golazo corriendo de arco a arco dejando rivales por el camino como si fueran conos y definiendo por encima del arquero cuando atinó a achicarle el arco.
Así las cosas, River pasó de estar casi muerto a ser un rival muy temible y con grandes posibilidades de salir campeón de la Copa Libertadores. Wilstermann estuvo desaparecido y no llegó al arco de un Lux que no tuvo que exigirse, lo cierto es que la experiencia del conjunto boliviano en la edición 2017 de la Libertadores fue redonda: comenzó con goleada y se fue goleado. River y este partido quedará para la historia, una historia que sigue escribiendo de la mano de Marcelo Gallardo. 

Eliminatorias: Uruguay, con gol de Suárez, derrotó 1-0 a Paraguay en Asunción y se entona

  Un pase de Godín para Suárez y la definición cruzada del Pistolero sentenciaron la victoria de visita que impulsa el camino rumbo a Catar ...